Fila eterna, billetera vacía y el misterio de las patentes: el maravilloso negocio de la VTV

La Verificación Técnica Vehicular se coronó como el mejor invento estatal del siglo. Los conductores locales están absolutamente fascinados haciendo filas de más de una hora, con turno previo, bajo el hermoso sol de nuestra ciudad para oblar los casi $100.000 que cuesta el trámite para un auto común de dos ejes. El gran acierto de la Provincia fue este complejo sistema de vencimientos por número de patente; una genialidad burocrática que la mitad de los usuarios no llega a entender y que termina obligando a los felices automovilistas a pagar el control hasta dos veces en un mismo año si se descuidan con el calendario. Todo un hito de la eficiencia recaudatoria.

Mientras las tarifas vuelan por las nubes en plena crisis, los vecinos, repletos de «amor», ya tildan al sistema de robo legalizado. Algunos malvivientes al volante incluso amenazan con un boicot y sugieren circular sin la bendita credencial para ahorrarse la cuota mensual. Si la rebeldía avanza y les secuestran los coches, los únicos que van a transitar tranquilos por las calles destruidas de La Feliz van a ser los fisuras caminando.


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